Cuando llegan los meses de verano y el calor aprieta, los ancianos y las personas mayores son uno de los principales grupos de población vulnerable, ya que son muy propensos a sufrir deshidratación o golpes de calor.

Esta situación se debe principalmente a dos circunstancias. De una parte las altas temperaturas provocan una notoria pérdida de líquidos en el cuerpo humano, y por otra parte las personas mayores son víctimas de un importante desconocimiento de la importancia de aumentar el consumo de líquidos. Sin ir más lejos, en zonas tan calurosas como Sevilla, la necesidad de hidratarse en verano puede llegar a duplicarse con respecto a otras épocas del año.

3 pilares sobre los que basar la alimentación de mayores en verano

Para no sufrir ninguna circunstancia no deseada en el periodo estival, las personas mayores deben instaurar algunos hábitos en la dieta diaria. Unos consejos totalmente razonables pero que nunca sobra recordar.

Aumentar la ingesta de líquidos

El agua es la bebida más recomendable para combatir las altas temperaturas. De hecho es alrededor de un litro y medio la cantidad mínima que los especialistas recomiendan. Esta ingesta debe realizarse espaciada en el tiempo y no de una tacada. Además se puede camuflar a través de zumos naturales o infusiones.

Cuidado con las intoxicaciones

Conviene ser muy escrupulosos con la conservación y la preparación de los alimentos. Tortillas, ensaladillas, así como todos los alimentos que puedan contener salsas o huevo pueden suponer un importante riesgo de intoxicación que podría tener consecuencias devastadoras en el organismo de una persona mayor. Si se pueden evitar durante estas fechas, mejor.

Frutas y verduras para todos

Si basamos la dieta en hortalizas, frutas y verduras estaremos no solo aportando vitaminas y sales minerales muy necesarias sino que también estaremos contribuyendo a la ingesta de líquidos. Una buena sandía o un melón son buenas opciones de postre veraniego.

En contraposición, lo ideal es evitar alimentos extremadamente calóticos como los embutidos, las carnes grasas, o algunos lácteos como los quesos curados.